HABÍA UNA VEZ UNA ESCUELA DE ANIMALES
Thomas Armstrong,[2] nos narra una historia de un grupo de
animales que decidieron fundar una escuela. El programa abarcaría: trepar,
volar, correr, nadar, escarbar. Por más que discutieron, no se
podían poner de acuerdo acerca de cuál sería la materia más
importante, de tal modo que decidieron que todos los estudiantes siguieran el
mismo programa curricular.
El águila ¿Se la imaginan? Con un vuelo soberbio
atravesando las nubes, planeando, desplegando sus alas. Estaba segura de que lo
hacía muy, muy bien y que recibía el crédito y la retroalimentación de todo el
grupo. Pero cuando entró a la materia de escarbar, resultó que todos
sus movimientos motores eran inadecuados, así es que fue asignada a una clase
especial para superar sus carencias. La experiencia la marcó de una
manera tan dramática, que nunca volvió a volar como sabía.
El conejo corría maravillosamente, pero casi se
ahoga cuando entró a la clase de natación. La experiencia fue tan
dura y frustrante que nunca volvió a correr bien.
Son también populares los ejemplos de gente famosa,
que no fue valorada en su época. Quizá el más notorio es el de
Albert Einstein. Quien aprendió a leer hasta los 9 años de edad y en
la escuela reprobó matemáticas. [4]
Siempre he pensado que su maestro debe de estar
dando vueltas en la tumba con culpas y arrepentimiento derivados del juicio
hacia Einstein: “lento, desconcentrado, incapaz”
Los padres y maestros tenemos la enorme
responsabilidad de ayudar a los niños a descubrir sus potencialidades, a
sentirse orgullosos de las mismas y a experimentar éxito en la vida.
Este reto parece obvio, reconocido en la teoría
pedagógica y en los idearios escolares, más no en la práctica cotidiana.
Guarderías, centros de estimulación y salones de
clase de todo el mundo, siguen diciendo a las águilas que son ineptas para cavar
hoyos. “No son topos hábiles”
Esto es grave a todo lo largo de la vida
de un ser humano.
Pero es quizá, más grave cuando se trata de bebés y
de niños pequeños
De forma muy temprana se truncan sueños.
La pequeña “cría de águila” hace una síntesis de
las miradas de su mamá cuyas expectativas se defraudan, de los calificativos y
señalamientos “lo que no hace bien” Esto se guarda en la
memoria de la piel y del alma, e incapacita.